Ser periodista es un reto. Sobre todo cuando hay que levantarse todos los días y luego de viajar más de 30 kilómetros para llegar a la editora, una vez allí, no encuentras una computadora donde trabajar porque todas están ocupadas, o cuando hace mucho frío como hoy. Sin embargo, este ejercicio te devuelve la sonrisa cuando un lector con lágrimas en los ojos te dice que tu trabajo no solo le gustó, sino que además lo hizo llorar.

